La virtud en una piedra

Es una sensación parecida a cuando atraviesas un túnel de montaña y las colinas se alzan a tu alrededor a gran altura. Te hacen sentir pequeño, una rápida lección que te recuerda que el hombre es un elemento más de este mundo y que la naturaleza manda.  

Así es el David, no sólo una pieza de mármol, sino que es un hombre que hipnotiza con su imponencia y que te hace ver la grandeza del ser humano. La naturaleza humana es eso que somos todos cuando nos quitamos el traje, el uniforme e incluso el pijama. 

Sin embargo, una profesora de arte fue obligada a dimitir de su puesto por mostrar esta obra a sus estudiantes. Y mientras Miguel Ángel se reía a carcajadas de que veamos antes sexualidad que naturaleza humana, aunque la una sea parte de la otra. Y que sigamos todavía complicándonos la vida, cuando el ser es mucho más simple de lo que nos empeñamos en que sea. 

La relación con el arte es etérea, no se puede tocar la sensación que te produce. Únicamente puedes dejarte arrastrar por ella. Mira así El Peine del Viento, otra escultura que nació del homenaje al mar de Chillida. Quien se escapaba en su infancia a ver romper las olas contra las rocas de San Sebastián y quiso con su obra desatar el remolino y peinar el viento. A Miguel Ángel le pasó algo parecido, una pieza de cinco metros de mármol le “habló”. Ya que según las palabras que se recuerdan de él, visualizó la figura masculina en la piedra y talló hasta revelarla.

Así fue como el David no se concibió únicamente como un cuerpo desnudo hecho piedra. Si no como una pieza que encarna en mármol las cualidades humanas que hacen frente a Goliat.