2 MINUTOS DE LECTURA
Siguiendo con mi periplo canadiense, seguí la primera norma de quien viaja sólo a algún lugar: socializa como puedas.
Las primeras semanas sólo conocía a los compañeros/as del curso y al ser tiempos COVID, los centros de ocio todavía estaban cerrados. Así que mi única opción era socializar con mi host mother (madre de acogida) filipina. Anita era y es muy religiosa, así que en mi primer domingo canadiense me invitó a acompañarla a la iglesia católica.
Al final hasta le cogí un poco el gusto. Resulta que como aquí cada uno es de un país distinto y no tiene a su familia cerca, se juntan en community. Aquí se sienten en un círculo en el que pueden pedir favores, dar y recibir del otro, un poco como de parientes pero sin consanguinidad ninguna. Con mis referencias de vida, a mí esto me recordaba un poco a Huesca, como ciudad pequeña. Que cuando necesitas algo siempre hay un fulano conoce a mengano que su tío sabe de X cosa.
Como fui dispuesta a adaptarme a todo, me hice con la rutina dominguera de mi host mother y al llegar hasta saludaba al cura. Como era mexicano me saludaba siempre en español. Lo único que, con el tiempo empecé a dejarlo. Con el tiempo y el fin de las restricciones COVID, el “socializa como puedas” fue dando sus frutos y abrió nuevos caminos sociales. A Anita no le importó y a Dios le mandé un pensamiento y me dijo que “todo bien».