Ni esos días, ni estos días, ni aquellos días. Todos los días de mi vida llevaré incorporado el horno de cocción de bebés. Aunque no funcione, esté apagado, encendido o cociendo. Y en cada momento, biológicamente este horno tiene sus necesidades de mantenimiento.
En esta montaña rusa que por biología las mujeres hemos de aceptar, hay momentos que sí, que hasta el chirrido de una silla o que te rocen en el autobús pueden desatar la cólera interna. Lo peor de estos momentos, no es la molestia de además tener que cumplir con tus obligaciones diarias, es que si no controlas eres una hormona andante y sus poderes te abducen. Tan pronto pueden desatar la ira por una nimiedad cómo llevarte al llanto insulso y sin sentido de quien se ofende por nada. Y eso socialmente parece que hay que controlarlo.
Recuerdo un día en la oficina en que, escondida detrás de mi pantalla, hice un voto de discreción para ese día interactuar lo menos posible. Basta que lo intentes para que suceda. Llega una compañera con la relación suficiente para alargar conversación pero sin la confianza suficiente para decirle que no era mi mejor día. A lo que intentó darme más tema le espeté: ¡¡Tengo que apagar el fuego o está olla a presión de mala leche va a estallar!!
Aunque todo esto sea cierto y el horno hormonal me haya poseído…. Si alguien me dice: “¿no estarás en esos días?” LE MATO.