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Si hay una grandeza a la que le rindo pleitesía, esa es la naturaleza. Subir a la alta montaña y descubrir que cada vez soy más pequeña, mientras las montañas se alzan gigantes. Ahí es donde me someto a la incertidumbre de no tener el control. Lo que hago únicamente es escucharla.
Suena como un latido “pum pum”. Es la brújula que por más que uno no quiera escuchar, ahí que le manda. ¿Por qué a pesar de todas mis clases de pintura decidí dedicarme a las letras? ¿Por qué el francés se fue a Martinica? ¿Por qué me invitaron a esa fiesta que me trajo a Barcelona? ¿Por qué Natalia se mudó a las antípodas?
Quizá sea porque cada decisión es el sonido de una orquesta silenciosa que sólo suena en el pecho de uno: “pum pum”. Y todos los sonidos juntos hacen que la melodía siempre suene bien. Estás donde tienes que estar. Atentamente: amor fati.