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He venido del futuro. Me he visto en el típico porche de película hablando con la protagonista y diciendo: ¿Sabes, hija…? antes de que los humanos se comunicaran con emojis… las personas ¡hablaban entre ellas!
Que ya sé que no he inventado la rueda, pero tanto chatear, a veces cualquiera se olvida que al otro lado hay una persona. Y es que en estos días, he tenido que hacer uso de un permiso retribuido en el trabajo. Al trabajar en remoto, se pierde el trato humano y, se cae en el riesgo de acabar siendo un número.
Total, que para entenderme con personal ¡venga a chatear! Que si estoy en una reunión, mándame esto, lo otro y este otro papel por si acaso. Con el modo robot puesto por ambas partes, no nos estábamos entendiendo. Que hasta me he sacado el BOE y aún me he enterado más.
Después de tanto scroll burocrático le digo, que se agradecen los gestos de cortesía, en que también te preguntan por cómo está la situación. Y ahí… ¡Ha triunfado el amor! Un minuto después sonó el teléfono, era ella. Resulta que detrás de ese chat hay una persona, una chica profesional, cabalgando su mes de julio y hasta los topes de faena. Como diríamos en Aragón “una zagalica bien maja”. Va a ser verdad eso de que hablando se entiende la gente.