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Te piden el título. Sí sí, si quieres casarte por la iglesia te piden antes tu historial religioso que acredite tu fe. Bautizos, comuniones y te gradúas con la confirmación. Por lo visto la iglesia tiene un registro de si has cumplido estos requisitos y dónde. Si te quieres casar por la iglesia, no basta con un ramalazo de fantasía, sin fe no hay iglesia. Y para corroborar que te comprometes con el tema te obligan a hacer un curso prematrimonial.
Esto sí me interesa. Si yo impartiera un curso prematrimonial católico, más allá de las charlas, lo enfocaría en técnicas aplicadas para sobrevivir al matrimonio. Por ejemplo, en lugar de fomentar la introspección para rezar un rosario, serían para practicar meditación. Los domingos de ir a misa se rebautizarían como el día de cita. Para vestir buena muda y salir juntos en plan parejita. Los sermones pasarían a ser contenido digital aplicado a la convivencia conyugal. Y el confesionario sería como las sesiones de terapia, donde poder ir a rajar de tu pareja y descargarte de los desencuentros de la semana. Como están bajo secreto divino aquí nadie sabe nada.
Para terminar, un último bloque de comunicación asertiva. Nada de discusiones por whatsapp, los trapos sucios y los chillidos a la cara, siempre.