Mi primera vez

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Siempre hay una primera vez y para mí también la hubo. El día que por fin me atreví a soltar el corsé del que estaba prisionera y salir a la calle sin sujetador.  Ese día no lo sentí tanto como una liberación si no como quien carga la culpa de una pecadora ¿lo notarán los demás? ¿Me convertí en una activista de Femen? ¿Me perseguirá la inquisición?

Cual abuela que se arremanga la chaqueta por ambos lados para tapar bien. Así me fue la primera vez. Sin embargo, sobre todo en verano, he detectado que no soy la única que se libera de la opresión de la pechera. Entre nosotras nos echamos una miradita cómplice y sonriente, “yo también soy libre tía”, “ya no me suda el bajo pecho”. 

Ese placer de cuerpo libre es adictivo y la rutina de paseadora canina en chándal no ayuda a poner las cosas en su sitio cuando toca. Así que la pregunta ahora cuando salgo de casa es… ¿Esta salida merece un sujetador? Ante la duda opto por el sí. 

Por suerte para mí, existen cada vez más sujetadores adaptados a la morfología corporal, con texturas agradables y capaces de olvidarte de ellos durante toda la jornada. Aunque nada da más gusto que llegar a casa, liberar el aplastamiento y calzarse el pijama a lo Bridget Jones. 

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