Invasión senior

2 MINUTOS DE LECTURA

De todas las crisis posibles no esperaba vivir una así. Mi madre se ha hecho Instagram. 

¿Qué necesidad tiene una señora de 70 años de estar ahí? Eso digo yo. 

Si ya tiene Facebook ¿qué más quiere? Podía ser peor y lo fue. Vaciló de moderna delante de mi padre y ahora los dos tienen cuenta. Si es más fácil ir al centro social y jugar al mus, ¿para qué tanta modernidad? Me pregunto. 

Mi madre, cuál adolescente rebelde, me justifica que todas las mujeres de la asociación de amas de casa tienen cuenta. “Dice Asunción que el insta es de tener espíritu joven.” ¡Como me encuentre yo a la Asunción esa le voy a decir cuatro cosas! 

Para transitar este suceso familiar con dignidad he atravesado distintas fases. La primera, la negación. 

Un día cualquiera tengo una solicitud de amistad de mi madre. 

¡Que no cunda el pánico! Voy a hacer como que no lo he visto y la dejo sin aceptar. ¡Ya se le olvidará! A la semana me llama esplendorosa por su conquista tecnológica: “Hija acéptame, que me he hecho instagrans”. 

Me puso contra las cuerdas y claro, la acepté. 

De ahí pasé al bochorno. Ay Dios… ahora le va a aparecer como contacto sugerido a mis amigos, compañeros de trabajo, exnovios… ¡Qué vergüenza! 

No acaba aquí. Por lo visto ahora Instagram es el nuevo ¡Hola! Y los protagonistas somos los hijos.

Un día me comenta: “Qué guapa está tu amiga Carmen, qué hijos tan guapos tiene”. Estupefacta le respondo: ¿Qué dices mamá? Si vive en Madrid… Esta mujer está senil -pienso-. Y ella, con una sonrisa reluciente y los ojos brillantes me responde: “Sí, la he visto en un storie.”

En esta tesitura he llegado a la tercera fase, la negociación. Los he sentado a la mesa para hablar del tema. Mucho cuidado con lo que se comparte, no compres nada sin revisar el anunciante y sobre todo no confíes en nadie que afirme ser Brad Pitt. 

Son adultos, pueden hacer lo que quieran incluso si a mí no me apetece compartir mi mundo digital con ellos. Última fase, la aceptación. Pero sí he establecido un control parental ante posibles injerencias de territorio: A mis contactos ni les sigas, ni les hables. Y mi madre indignada por la petición se ha marchado maldiciendo a su habitación y antes de pegar un portazo me responde con desaire “¡Ay chica, qué rara eres!”

Deja un comentario