Escribir no es un trabajo de verdad

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Eso de escribir ¿qué es? Desde que la alfabetización ha conquistado la vida contemporánea, ya no tiene ningún mérito saber escribir. Todos sabemos escribir. 

Aquí es donde viene bien el cumplido de una abuela de las de antes. Las que vivieron la posguerra y para las que, que una mujer del pueblo supiera leer, escribir y hacer cuentas simples de matemáticas era toda una proeza digna de admiración.

Cuando era becaria me revisaban los textos. Me parece bien. Lo que me molestaba era ese tipo de corrección en que la persona únicamente te cambia el orden de la frase para adecuarla a su estilo. ¿¡Pero si he dicho lo mismo?! Aquí surgen las inseguridades por la falta de experiencia. “Estoy haciendo algo mal”, “No sirvo para esto” y al borde del drama la mejor: “Debería volver a ser dependienta y que me corrijan por usar zapatillas en lugar de zapatos”.

Aprendí a ser resiliente cuando mi compañero de equipo, experimentado diseñador gráfico, me contó las correcciones que le hacían a él. ¿Puedes aumentar esta imagen 0,2 milímetros? Y él pensaba “¿en serio me molestas por esta chorrada con la cantidad de trabajo que tengo?” 

La mayoría de las veces no eran ni siquiera correcciones de gran peso comunicativo. En realidad, eran un sutil recordatorio de que nuestros superiores estaban por encima de nosotros en la escala jerárquica y sus decisiones iban a misa. 

Recuerdo una vez en que me encargaron el guion del vídeo resumen del año de la compañía. Buscaban un ‘bombazo’. Que sea fresco, ágil, sorprendente y que el público no se aburra. Me empleé a fondo durante dos semanas. No todo eran datos, había un storytelling, tenía sus guiños para mantener la atención, sus apariciones estelares… ¡disfruté escribiéndolo! 

Cuando terminó el evento alguien preguntó a la diseñadora si el vídeo lo había hecho ella. Delante de mis ojos se puso una medalla al mérito y subió al podio de los éxitos de la empresa. Sonreía encantadísima mientras le aplaudían. Me quedé paralizada… no me dio ningún crédito.

¡Traidora! ¡Ni compañerismo ni leches! Hoy es directora de no sé qué.

Hace unas semanas falleció Rob Reiner, el director de Cuando Harry encontró a Sally. Las redes se inundaron de mensajes aplaudiendo sus películas, entre ellas esta. A mí me sacó a relucir a mi hater interior, con mis inseguridades hablando por mí. La excusa perfecta para enzarzarme en una discusión que nadie quiso con desconocidos: “Oye que no todo fue mérito suyo. Él fue el director, quien escribió la historia fue Nora Ephron.” Resulta que ambos tenían buena relación y los personajes principales son en realidad una representación de ellos mismos. 

Periodista, guionista y mi mentora en las alturas me dejó con su obra algunas lecciones. Entre ellas la de merecer el oficio de escribir, como parte del acuerdo con su amigo el director. Al iniciar el filme y en letras gigantes para quien quiera leer que lea: Escrita por Nora Ephron.

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