Opinar cansa

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Este texto es una opinión. Empezamos bien…

Cuando estaba en Canadá descubrí el libro del autor norteamericano Austin Kleon. Roba como un artista en su traducción al castellano. Al tiempo vi que por fin lo publicaron en España y casi me caigo de la silla al ver los comentarios que recibió el post promocional.

Como la de un ofendido, que sintió el impulso de autoproclamarse defensor de la ética creativa en internet: “¿Cómo que robar, este tío que se ha creído? ¡No pienso comprar tu libro sinvergüenza!”. 

Esa postura de opinar, antes de leer, fue muy aplaudida. 

Este mundo se mueve muy deprisa. ¡Que se lo digan a los famosos! Hace poco cuestionaron el posicionamiento de Rosalía por la guerra de Gaza. Por lo visto no había dicho nada al respecto. Entre canción y canción no se enteró cuando había que hablar de la agenda de actualidad.

Me encantan los que opinan como quien practica un deporte. Opinan como si se les fuese la vida en ello. Por ejemplo, uno de mi trabajo. Un día es un experto en verdura orgánica y otro en cine conceptual. 

Recientemente le dieron el premio a mejor actor a un perro. Los canes gozan de un inmejorable estatus ¿quién no adora a los perros? Aún así mi compañero se pronunció al respecto: “¿Y qué pasa con los gatos?”.

Recuerdo hace unos años que hubo un lío tremendo con la periodista Julia Luna. “¡Menos mal que la primera serie es de mataos!”. Su primera vez cubriendo los Juegos Olímpicos y deja el micro abierto al comentar. Las redes la pusieron como si hubiera disparado al Papa. Yo pensé “esta es de las mías”.

Al final, opinar es como respirar. Se puede hacer en silencio, pero a casi nadie le sale. Y tú, ¿qué opinas?

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