Viejoven en mantenimiento

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Ahora entiendo a mi padre con eso de que él se siente joven. Yo ahora mismo estoy rondando los 40 años y me siento igual que si tuviera 30. Misma incertidumbre, misma estatura y el mismo pijama. 

A pesar de mi buena actitud ante la edad, mi cuerpo empieza a mandarme señales pasivo-agresivas. Una carta certificada de mi primera cana: Ya estoy aquí. 

Eso de “¿cuantos me echas?” En este punto suena a vacilada de campeonato. Vas más directo al grano sabiendo si la persona que tienes delante es un adulto funcional. Sabe hacer una transferencia, paga sus facturas y se corta él mismo las uñas de los pies.

Para mantenerme en ese estado óptimo de congelación de juventud he tomado un propósito para este año: Quiero ser como Beckham. Pero no como David, como Victoria. 

Parecía fácil llevar una vida de autoexigencia y selfcare como la suya. Pero es una tarea tan laboriosa y compleja como coser un botón. Parece que está bien hasta que vuelve a soltarse. 

Lo primero que he necesitado como peregrina de su Orden del Serum Hialuronico ha sido un traductor para entender la jerga. 

Aquí todo tiene un nombre refinado. Un tipo de autoengaño colectivo para suavizar el paso del tiempo. Líneas de expresión, dar vida al cabello, contorno corporal menos definido… lo que en aragonés se resumiría en vejestorio escuchimiziau. 

También llevo un pastillero similar al de mi madre allá donde voy. Mi madre para regular la tensión, el mío para la presión social.

Igual que me vine arriba, me vine abajo. 

En el gimnasio tuve una clara señal de que me estaba obsesionando. Concentrada con mi rutina de pesas y mientras observaba con orgullo que mis músculos empiezan a moldearse… apareció. Una vena hinchada como una tubería. Esto ya no es autocuidado ¡es fontanería!

Eso no fue todo, resulta que el dietista de la cantante dice que las barritas de granola fitness, mi sustituto autoimpuesto,  no es tan sano como parece. ¡A la porra todo! Me zampé una bolsa de chips sabor jamón. Ansiedad por incomprensión.

Rendida ante el propósito de ser como Beckham, regresé al único lugar productivo que no me genera ninguna culpabilidad. El sofá. Ahí estaba mi perro en una siesta perpetua. 

Nada, hoy no voy al gym. Tengo el pelo recién lavado. 

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