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¡Ni uno más! Que nadie me ofrezca participaciones, décimos ni intercambios. Cuanto más se acerca la fecha del sorteo mayor es mi paranoia. Cuando un número pasa por delante de mis ojos pienso “¿será ese el número ganador?”. Automáticamente lo necesito en mi posesión. Al llegar diciembre ya llevo 200€ usados en la misma causa: la lotería de Navidad.
En Madrid me dicen que esa locura por el tradicional sorteo es una cosa provinciana, que en la capital sólo juegan los locos que hacen cola de tres horas en Doña Manolita. Soy de esas.
Cada número que cae en mis manos me lleva al mismo estado de fascinación, acompañado de un suspiro de enamorada… “si me toca…” Ahí mi cabeza se pone a soñar despierta. Empiezo a imaginar en qué me gastaría un jugoso premio gordo. En una tarde de ilusión me he gastado mentalmente 500.000€ ¡qué buena vida de millonaria!
Dicen los expertos en manifestación, que cuando quieres una cosa tienes que sentir que ya la tienes. Dicho y hecho. Para complementar mi magnetismo con el décimo ganador, tengo mi propio calendario de adviento Lottery winner. Cada día del 1 al 21 de diciembre visualizo un vídeo de ganadores de lotería del informativo y lo reproduzco frente al espejo.
Estos días también me sirven para practicar mis dotes interpretativas. Cada día trabajo una emoción distinta: incredulidad por haber ganado “¿Esto está pasando de verdad?”, drama a lágrima viva “Tantos años de mileurista… por fin algo bueno” y euforia épica “¡Que vengan todos los vecinos! ¡que esta ronda la pago yo!”.
Estas cosas hasta que no las vives no sabes qué emoción va a aflorar. Yo por si acaso voy practicando.
Cuando vuelvo a la tierra, después de celebrarlo por adelantado, tengo que fregar los 21 días de cava esparcidos por el salón. Mientras escurro el mocho pienso “en cuanto cobre el décimo lo de fregar que lo haga otro”.
También dicen los expertos de la manifestación que hay que practicar la gratitud. Así que, para mantener mi línea magnética con el premio, hago una lista mental de lo que ya tengo y estoy agradecida. Aunque a mí sólo me basta con una, porque sin una buena salud convertirme en millonaria ya no es primordial.
Yo creo que lo que pagas con esos 20€ de cada décimo es la ilusión con la que vives hasta el día 22. Luego ya no toca y se esfuma, pero durante esos días has soñado despierto o despierta con lo que harías si te tocara y creo que eso… bien vale los 20€ de cada décimo. 🙂
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